27/07/2022 -
Señales confusas: Silvina Batakis busca mostrar unidad de gestión, pero el oficialismo navega en riesgosas contradicciones

La ministra afirmó en Washington que cuenta con aval interno, es decir, también de CFK. Lo hizo en el marco de reuniones con el FMI, el Tesoro e inversores. Mientras, aquí, resurgían versiones de cambios en el Gabinete, con operaciones cruzadas y prevenciones sobre el ajuste


Silvina Batakis acaba de recorrer en Washington un circuito clásico en tiempos de crisis. Se reunió con funcionarios del Tesoro, con el FMI y con inversores del mundo financiero. La principal inquietud recogida allí es la misma que se arrastra en la política local: ¿Tiene el respaldo de todos los socios del oficialismo? ¿Hay unidad de gestión para medidas que de hecho representarían un ajuste? La ministra buscó dar certezas sobre el respaldo y los lineamientos económicos ante sus interlocutores. Desde Buenos Aires, en cambio, las versiones sobre cambios de gabinete y otras tensiones reponían señales por lo menos confusas en los dos terrenos.


Más que dudas, los interrogantes trasladados a Batakis expresan una visión negativa sobre el deterioro del Gobierno como consecuencia de sus batallas internas, que agravaron la crisis económica y social. Falta de credibilidad, en otras palabras. La vuelta a los trascendidos sobre cambios en el gabinete -cruzados por operaciones y prevenciones- erosionaban, de hecho, las afirmaciones de la ministra, que voló a Washington -a pesar de la suspensión del viaje de Alberto Fernández- precisamente para afirmar un mensaje que “tranquilice la economía” y, en primer lugar, a “los mercados”.


No sólo eso era llamativo. El tema de fondo seguía siendo el sentido de los posibles cambios, que volvieron a tener a Sergio Massa como principal referencia en las especulaciones sobre una reestructuración amplia del gabinete. Cristina Fernández de Kirchner y su círculo advierten sin precisiones sobre la necesidad de redefinir el rumbo económico para relanzar la gestión. Ven con escepticismo el horizonte del 2023. El presidente de la Cámara de Diputados también habría destacado que los nombres de un nuevo equipo deben expresar voluntad política, con leyes y medidas concretas de arranque, frente al déficit, el dólar y los precios. Poder real en caso de asumir al frente de los ministros.


Por supuesto, cualquier movimiento tendría traducción política. Esa inquietud es central en Olivos. El Presidente vería recortado otra vez su espacio, ya esmerilado por la sucesivas cargas del kirchnerismo. Los cálculos que se hacen en otros ámbitos del oficialismo no incluyen su suerte individual en la perspectiva de las elecciones del año que viene. Son tiempos muy largos en el contexto de la crisis. Pero dominan el análisis. Los gobernadores peronistas expondrán hoy mismo sus propias preocupaciones: necesitan ordenar el tránsito nacional, pero lo hacen priorizando sus necesidades, es decir, las batallas provinciales.


El punto es, entonces, si la línea expuesta por Batakis convenció en el plano externo y es refrendada como compromiso real en el frente doméstico. Está claro que la interna sigue cruzada por tensiones, entre otras razones porque existen distintos proyectos en juego. La ministra se alineó con la síntesis expresada por Kristalina Georgieva -cuidando públicamente las formas de una “bienvenida”-, que destacó dos metas inmediatas: asegurar la “sostenibilidad fiscal” y la “implementación decisiva” del programa comprometido con el FMI.


Dicho de otra forma: el tema es si el consenso de los principales socios del oficialismo, con el que afirmó contar Batakis, es una formalidad o representa, por convicción o por resignación ante la profundidad de la crisis, un aval a políticas de ajuste.


Esa es la cuestión de fondo. Ya no se habla de poder presidencial para imponer una línea, sino de consenso en la coalición para mover cada ficha. Eso viene generando graves problemas de gestión, a veces paralizantes y otras marcadas por desacoples. El último ejemplo lo constituyó el anuncio de un régimen especial o virtual tipo de cambio nuevo para la liquidación de cosecha de soja. Fue hecho luego de que el ministro Julián Domínguez negara incentivos de esa naturaleza. Y no está claro sin funcionará, en medio de la nueva carga del Gobierno contra los productores rurales en conjunto.


Ese discurso del Presidente que los etiquetó como “especuladores” no registra siquiera en parte el problema de fondo que arrastra ese sector y, además, alimenta un enfrentamiento que pude tener peligrosas expresiones. No es un dato menor la protesta ante la Exposición Rural que impulsan organizaciones sociales alineadas con el Gobierno.


Asoma además otro problema. La carga del Presidente se enlaza con declaraciones formuladas desde el oficialismo para denunciar intentos “golpistas”, que otra vez buscan exponer a opositores, medios y jueces. Una explicación sobre semejante movida, siempre en clave interna, podría referir a la necesidad de radicalizar el discurso para vestir de manera digerible el ajuste frente a su propio público. Parece ingenuo y es a la vez especialmente pobre y hasta contraproducente visto desde fuera de las líneas del oficialismo.


Está claro que el mayor desgaste de la figura presidencial es consecuencia directa de la persistente operación de CFK y del kirchnerismo en general. Las expresiones más notables fueron las cartas de la ex presidente, el rechazo en el Congreso al acuerdo con el FMI y los cuestionamientos a Martín Guzmán, hasta precipitar su renuncia. Otras pinceladas, patéticas, quedaron grabadas con la acusación de “okupa” al Presidente, las alusiones a haber sido “puesto” en el cargo y las sugerencias sobre su vida privada y hasta su agenda. Sin contar los pasos del propio Alberto Fernández: la fiesta de Olivos, en el primer renglón de causas del deterioro.


Al mismo tiempo, agitar la idea de que existen maniobras golpistas o reponer la ofensiva sobre la Corte Suprema difícilmente sean leídas en el exterior sólo como parte de lógica política local. Tampoco, un funcionamiento de Gobierno con discusión interna sobre el ejercicio de poder. Ese conjunto o algunos de sus fragmentos alimentan los interrogantes que debió atender Batakis en su visita a Washington. Las respuestas no cerrarían el tema. Ahora viene el capítulo local.


















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